Uno de los errores más frecuentes al elegir un protector solar es fijarse únicamente en el factor SPF, sin tener en cuenta otros aspectos importantes como el tipo de piel, el estilo de vida o la forma correcta de aplicación.
Otro fallo habitual es no reaplicar el producto con la frecuencia necesaria, lo que reduce significativamente su eficacia, especialmente en situaciones de exposición prolongada.
También es importante diferenciar entre el uso diario y la exposición intensa. En el día a día, muchas personas prefieren texturas ligeras o con color que ayudan a unificar el tono y pueden sustituir al maquillaje.
Sin embargo, en la playa o la piscina, es recomendable utilizar fórmulas más resistentes al agua y al sudor, que permitan una protección continua.
En Esse Clinic recomendamos adaptar la fotoprotección a cada situación y elegir productos que se ajusten a las necesidades de cada piel.
Porque el mejor protector solar no es solo el que más protege, sino el que realmente se utiliza de forma constante y correcta.


